Un café con la Maestra Vida: Tinti Deyá

4 al 10 de marzo de 2015 La Perla del Sur, Omar Alfonso

Conversar con Tinti Deyá es una faena incontrolable. Sobretodo, cuando sus setenta y cuatro años de vivencias se apoderan del timón.

Desde la entrada de la casa de todos, la Casa Pueblo, primero quiere hablar de ideas que revolotean en su cabeza, como el próximo encuentro comunitario con el Julián Chiví.

Luego, frunce el ceño, suspira hondo y recuerda que también falta poco para el trigésimo quinto aniversario de la organización que fundó junto a su esposo e inseparable aliado, Alexis Massol González.

Y aunque tiene mucho por hacer, no desespera. Rápido invita a una taza de café y habla de lo que quiere hablar, como la madre dulce que deja todo y no contiene su alegría al ver a uno de los suyos volver a casa.

Tras entrar al salón biblioteca, solo ella interrumpe el relato para levantarse de la silla y mostrar uno de sus libros favoritos, un compendio de poesías patrióticas escritas por Lola Rodríguez de Tió.

“Yo creo que va a llegar el momento en que los partidos van a desaparecer y los líderes de este país van a surgir de las comunidades. Y yo espero poderlo ver”

“Yo creo que va a llegar el momento en que los partidos van a desaparecer y los líderes de este país van a surgir de las comunidades. Y yo espero poderlo ver”

Había que mirarla.

Sin que exposición alguna perdiera gracia, leyó los versos y se conmovió.

Fue allí cuando se desveló la más íntima Faustina Deyá Díaz, la que nació en manos de una comadrona en la calle Canas de Adjuntas, la que se crió entre los más pobres de los pobres y, aun así, solo necesitó libertad para alcanzar su plenitud.

Como lo demostró en la década del 1970, al luchar contra la corriente institucional para erradicar el asbesto de cientos de salones de clase del pueblo, o como ocurrió en la década del 1980 al organizar a cientos de campesinos para aniquilar el plan de explotación minera que amenazaba al corazón de la montaña.

Esa es Tinti. La que incluso nunca dudó que el pueblo soberano vencería a los poderosos intereses obstinados con un gasoducto sin gas, al que años atrás llamaron Vía Verde.

Hija de quincallero

Al igual que una espada -cuya integridad se forja lentamente entre llamaradas y un yunque- el espíritu, pensamiento y corazón de Tinti fue formado por el intelecto de un hombre sabio a quien el pueblo conoció como quincallero.

Pero no uno cualquiera. Don Juan Deyá, además de sociable e inagotable lector, fue su padre y fundador del Partido Independentista Puertorriqueño en Adjuntas. Y como parte de su filosofía, procuró siempre que sus siete hijos desarrollaran pensamiento crítico.

Por ello, desde muy temprano, tomaba de la mano a Tinti para exponerla a mentes ilustradas. Así presenció tertulias entre la gente y Gilberto Concepción de Gracia, Luis Muñoz Marín o Vidal Santiago Díaz, estrecho colaborador de Pedro Albizu Campos.

“Mi padre fue un hombre especial. Desde niña quiso que desarrollara pensamiento crítico y dejaba que escogiera lo mejor de cada cual, sin influenciar en mi parecer”, recordó. “Y así fue siempre”.

Asimismo, en una época en que el machismo era rampante, “hizo muchos sacrificios para que sus hijas estudiaran en la universidad, porque decía que ‘si el marido le salía malo, entonces tiene con qué vivir’, continuó.

Por su parte, la madre de este núcleo familiar, doña Matilde Díaz, no sabía leer ni escribir. Sin embargo, era quien llevaba las cuentas del negocio de don Juan y con su arte financiero logró que el dinero alcanzara para todo y para todos.

Aun así, Tinti quiso aportar. Y sin miramiento o complejo alguno, de adolescente trabajó en una ferretería, en una farmacia y una gasolinera, donde “despachaba combustible, cobraba y hasta bregaba con bandas de frenos”, aclaró sonriente.

Sus pasatiempos, entonces, eran comilonas y deportes, actividades que también fraguaron mucho en la esencia de su personalidad y combatividad.

“Como yo no era persona de estar en fiestas, mientras mis amigas iban a los bailes yo me pasaba cocinando en la calle, con la gente. Tirábamos tres piedras y asábamos viandas con arenque para todo el vecindario”.

“Luego, cuando vivíamos en la calle Progreso hasta organizaba un día de limpieza y todo el mundo tenía que barrer y dejarla limpia, porque si no, me agallaba”, continuó casi a carcajadas.

En deportes, como proclaman en el campo, también “había que dejarle el canto”. Porque Tinti no solo fue “una generala en bolitas de corote y jacks”, como cándidamente indicó.

“También fui del primer equipo campeón de voleibol superior femenino en Puerto Rico”.

Según explicó, previamente había participado en un equipo de voleibol superior que organizó el municipio de Adjuntas y que practicaba casi a diario en la plaza de recreo.

Mas al ingresar a la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, los equipos de Santa Rita y Lorsonet se hechizaron con su portento sobre la maya.

“Yo creo que va a llegar el momento en que los partidos van a desaparecer y los líderes de este país van a surgir de las comunidades. Y yo espero poderlo ver”

Su serenidad, encanto y altruísmo le han ganado el cariño de quienes la conocen. Pero dentro de Tinti Deyá Díaz vive un guerrera que, desde la montaña, ha forjado un movimiento de activismo social para todo el país. (Foto: Florentino Velázquez)

Maestra vida

Precisamente, en ese recinto, cumplió la más sagrada de las promesas hechas a su humilde padre, hacerse de un diploma profesional. Y posiblemente escogió la vocación que más y mejor caracterizaba a ambos. El magisterio.

Pero contrario a lo que muchos esperaban de la familia Deyá Díaz, una con prominente arraigo en el independentismo, la más pequeña del núcleo se hizo maestra en materia “del difícil”.

“Nunca he estado en Estados Unidos, pero me fascinaban los cuentos y novelas en inglés”, sostuvo. “Lo que sé lo aprendí en la escuela pública y me vino bien, porque los documentos que vinieron de la minería muchos de ellos eran en inglés”.

Así las cosas, desde la juventud y a lo largo de 30 años Tinti volvió a recorrer desde campos hasta ciudades para educar a niños y adolescentes de las escuelas públicas en ese idioma. Y enseñó mucho más que inglés. Por ejemplo, la importancia de una sana autoestima y el poderoso efecto de la solidaridad.

En el trayecto, recalca, se topó con discípulos excepcionales como José Elidio La Torre, hoy profesor de Literatura y galardonado escritor, y la actual senadora María de Lourdes Santiago, por mencionar algunos.

En cada salón, además, se ganó el amor y respeto, no solo de alumnos, sino de sus padres y familiares, un vínculo inquebrantable que años más tarde conspiraría a su favor para crear un ejército de conciencias contra las injusticias y los abusos de poder.

La pesadilla del asbesto

Como ocurrió cuatro décadas atrás en Adjuntas, al conocerse casi por accidente que decenas de salones de clases, viejos o en mal estado, habían sido construidos con asbesto, un material que al deteriorarse o quebrarse puede liberar partículas altamente cancerígenas.

“Yo creo que fue el primer piquete que se hizo en Adjuntas. Me uní como activista junto a otros dos profesores y un grupo de padres preocupados por la situación, y la respuesta del Departamento fue que me descontaron una hora con doce minutos del cheque, aunque la protesta había ocurrido en el receso de almuerzo”, recordó.

“A partir de ese momento y como represalia, de arriba empezaron a ordenar que me trasladaran de escuela y de nivel, pero a mí no me importaba eso”, continuó. “Yo nunca me atemoricé, porque lo que quería era dar clase donde sea y como sea”.

Y así fue. Perseguida o no, durante seis meses Tinti diseminó por los campos datos contundentes sobre la peligrosidad del material hasta despertar la conciencia colectiva y provocar que el gobierno reubicara tanto a maestros como estudiantes, mientras removían el asbesto.

“No podían refutarlo ni ocultarlo. Y al final, todos celebramos, desde los barrios hasta el pueblo. Fue una alegría muy grande”, recordó.

La tranquilidad, empero, sería fugaz, ya que en menos de dos años otra dura prueba tocaría a su puerta. La amenaza de la explotación minera.

En cada salón de clases, se ganó el amor y respeto de alumnos y padres, un vínculo inquebrantable que años más tarde conspiraría a su favor para crear un ejército de conciencias contra las injusticias y los abusos de poder.

En cada salón de clases, se ganó el amor y respeto de alumnos y padres, un vínculo inquebrantable que años más tarde conspiraría a su favor para crear un ejército de conciencias contra las injusticias y los abusos de poder.

El Plan 2020

Como trascendió en el 1982, documentos filtrados desde La Fortaleza alertaron al país sobre un plan federal y estatal que pretendía explotar 17 yacimientos de cobre, plata y oro, detectados entre los municipios de Adjuntas, Lares, Utuado y Arecibo.

El megaproyecto requería la práctica de “minería de cielo abierto”, lo que demandaba no solo la creación de cráteres de hasta una milla de diámetro y dos mil pies de profundidad, sino la flagelación de la cordillera central y la devastadora contaminación de ríos y costas.

“Lo que se veía venir era una catástrofe”, confesó Tinti. “Pero lo peor era el miedo. Había gente de la montaña con baja autoestima, que pensaba que no se podía luchar contra compañías multinacionales y derrotarlas”.

“Además, era la época de las carpetas y ser ambientalista en los 80 no era como ser ambientalista ahora. Te ponían el sello de comunista, de subversivo, y la gente no quería que la relacionaran con eso”.

Para colmo, las amenazas a la vida y propiedad no eran utópicas.

“Por la lucha que llevábamos en contra del proyecto, a mí se me metían en casa y rebuscaban todo, y cuando llegaba de la escuela estaba todo en desorden”.

“Otras veces, nos bloqueaban el camino con bambúes o nos seguían”.

“Y un día nos llevamos una impresión horrible. Salimos de la casa con los cuatro nenes -Alexis, Axel, Arturo y Ariel- y ellos tenían un cabro bien bonito. Pero al llegar de algo de las minas lo encontramos ahorcado en el garaje”.

“Sentía rabia y dolor por los nenes, que lo querían muchísimo, pero de ese y otros tantos sacrificios salieron cuatro hombres comprometidos con su país”.

“Fue bien duro. Querían amedrentarnos, pero la educación pudo más que la intimidación”, sentenció.

Como bien recordó, sin dinero, acceso a medios de comunicación y limitado tiempo, crearon junto a amigos incondicionales el Taller de Arte y Cultura, la entidad precursora de Casa Pueblo.

Y con el lema “Puerto Rico no soporta minas” fueron casa por casa educando y consolidando apoyo para un rechazo contundente y decidido. En especial, de los padres y estudiantes que ya Tinti había tocado en la lucha contra el asbesto en las escuelas.

“Rompimos con el miedo. Y con los papás de los nenes pudimos crear un ejército de conciencia y defensa de nuestros recursos más preciados, nuestra gente y nuestra naturaleza”.

Faustina Deyá Díaz nació en la calle Canas de Adjuntas hace 74 años, en manos de una comadrona. Y aunque se crió entre los más pobres de los pobres, solo necesitó libertad para alcanzar su plenitud.

Faustina Deyá Díaz nació en la calle Canas de Adjuntas hace 74 años, en manos de una comadrona. Y aunque se crió entre los más pobres de los pobres, solo necesitó libertad para alcanzar su plenitud.

La semilla sembrada

Transcurridas tantas batallas, ¿qué espera de Puerto Rico?, preguntó La Perla del Sur.

“Solo una cosa”, respondió sin pestañear.

“En toda la isla se están desarrollando unos grupos y movimientos comunitarios tan buenos, con una gente tan comprometida dirigiéndolos, que yo creo que va a llegar el momento en que los partidos van a desaparecer y los líderes de este país van a surgir de esas comunidades”.

“Y yo espero poderlo ver”, sentenció.

Como era de esperar, este y otros tantos temas burbujearon junto al café caliente por un lapso que olvidó el tiempo, hasta aflorar sobre la mesa grande de la biblioteca. Porque el anecdotario personal de Tinti es infinito, solo comparable con el de ilustres hombres y mujeres que han vivido diez vidas en una.

Pero de todas sus facetas, la jornada dejó claro cuál ha sido la más contundente y para ella, la más gratificante. Maestra vida.

4 de marzo de 2015

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